martes, 24 de julio de 2007

¿Qué sentido tiene la abstracción? (Parte 1): El desarrollo perceptivo infantil

Los seres humanos desde que somos bebés comenzamos un proceso de aprendizaje por el cual vamos relacionando imágenes y conceptos con sonidos. Por ejemplo, aprendemos a reconocer las caras de nuestros padres, y a relacionarlas al sonido "mamá" o "papá". Así mismo vamos descubriendo el mundo entero. El hemisferio izquierdo del cerebro es la parte que se encarga de esta función, de todas las funciones relativas al lenguaje.

El hemisferio izquierdo de los niños tiene la misión de conectar todas las imágenes que los ojos perciben con las palabras que les corresponden. La prioridad del cerebro, en esa edad, es llenar el "hard disk" de la memoria con la mayor cantidad de información y lenguaje. Por eso los niños están todo el tiempo preguntando "¿Esto qué es?, ¿y esto otro qué es?"

Cuando ponemos a un niño pequeño a pintar o dibujar, vemos que la manera en que representa al mundo es muy esquemática. El niño traduce un árbol, por ejemplo, a dos lineas paralelas con un círculo encima. Parecería como si el niño no se diera cuenta de la gran cantidad de detalles que hay en los árboles. Pero el niño sí puede ver esos detalles. Lo que ocurre es que, para su cerebro, aun no son importantes. El hemisferio izquierdo aun domina su percepción. Lo que interesa son los conceptos, los símbolos, los signos, las palabras. El dibujo para un niño es como un tipo de escritura.

El arte infantil atraviesa siempre varias etapas. Los cambios están vinculados al desarrollo intelectual y lingüístico. A medida que el niño domina el lenguaje, ya formado un buen repertorio de imágenes-concepto-sonido, el cerebro queda libre de dedicarse a nuevas tareas. Es entonces cuando surge el primer gran cambio en el arte infantil: el interés por copiar el mundo de manera naturalista. Esto suele ocurrir alrededor de los 8 a 10 años. Derepente los niños, que antes se conformaban con sintetizar el mundo con unas cuantas líneas, se ven interesados por copiar los detalles, las hojas de los árboles, y que los objetos que pintan parezcan "reales".

Durante esta etapa suele ocurrir un gran conflicto. El niño desea copiar la realidad tal cual es, sin embargo el hemisferio cerebral con el que está acostumbrado a representarla es el izquierdo. El hemisferio izquierdo se encarga de darle un nombre a cada objeto percibido. Por ejemplo, si el niño ve una cara y quiere copiarla, entonces su hemisferio izquierdo le dice "pinta dos ojos, abajo una nariz, mas abajo una boca...y ya tienes la cara!" Pero cuando el niño ve el dibujo, nota que ese dibujo no parece nada real! Más que una cara natural, parecería como una cara rompecabezas, fragmentada como collage, donde cada una de las partes separadas hace sentido; pero como conjunto carecen de unidad y armonía. Estos resultados no naturales suelen frustrar a muchos niños, y la mayoría abandona el dibujo, pues sienten que su trabajo no cumple sus espectativas "realistas".

El origen de este problema se debe a que para lograr copiar la realidad "tal cual" hace falta un tipo de mirada general, que deje de pensar en los detalles como elementos autónomos. La mirada debe ser global, holística, y no fragmentada. Esa función le toca al hemisferio derecho del cerebro.

JLG

(Continúa)

1 comentario:

ron muñoz dijo...

me parece bastante bueno lo que hablas...necesito saber las fuentes en que te apoyas ya que lo que hablas sirve para mi tesis.