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viernes, 6 de marzo de 2009

¿Cuán necesario es el conocimiento para apreciar el arte?


Es una pregunta que lanzo a todos mis lectores. Me gustaría oir sus opiniones. ¿Puede un ignorante apreciar el arte? ¿Qué lo diferencia del erudito? ¡Anímense!

domingo, 31 de agosto de 2008

¿Es el artista un lisiado intelectual?

Durante siglos se ha puesto en tela de juicio la capacidad que tienen los artistas para analizar objetivamente sus producciones. Los poetas de la antigua Grecia, los pintores del Renacimiento y lo músicos del Romanticismo, recibieron un trato similar. Se trataba de fenómenos irracionales, de mentes arrobadas por musas o el “espíritu de los tiempos”; incluso un tipo de posesión demoníaca que permitía las más grandes obras, sin embargo definía a quienes las habían realizado como lisiados intelectuales, incapaces de reflexionar sobre su trabajo. El genio artístico: un ser medio cuerdo, medio loco. En última instancia, alguien a quien no tomarse muy en serio en una conversación.

Cuando queremos saber en qué consiste la astrofísica, nadie mejor que un astrofísico para que nos lo explique. Si queremos saber de qué trata una cirugía de corazón abierto, ¿a quién preguntamos si no a un cirujano cardiólogo? Si queremos saber qué es la arquitectura, ¿acaso no deberíamos preguntarle a un arquitecto? Sería absurdo preguntarle a un zapatero qué es la farmacología, así como preguntarle a un farmacólogo qué es un zapato. En fin, que asumimos que las personas mejor capacitadas para definir y explicar una actividad, son precisamente aquellas que la llevan a cabo. Sin embargo, esto no ocurre con las artes visuales. Cuando alguien quiere saber qué es la pintura, o qué significa un cuadro, se vira el cuello hacia los críticos, estetas y teóricos del arte. El pintor, el artista, el que ha parido esa obra y quien mejor la conoce, queda olvidado en una esquina. Mudo. Ni siquiera se le considera capaz de escribir en los catálogos de sus propias exposiciones.

La idea de que el pintor necesita de otros especialistas para que expliquen el valor de su trabajo, se fundamenta en el mito de que el arte es una experiencia irracional. Muchos artistas gustan de que esto sea así, pues de este modo se ahorran el trabajo que implica dar la cara sobre sus producciones. Prefieren que sea el crítico o el literato quien hable sobre éstas. La verdad es que la crítica y la teoría del arte a veces enriquecen nuestra apreciación sobre los objetos culturales. Pero el error consiste en asumir que los artistas no somos capaces de llevar a cabo reflexiones similares o investigaciones teóricas sobre nuestro propio trabajo. Existen elementos dentro de las actividades artísticas, que sólo pueden ser comprendidas desde la praxis. Un teórico del arte que jamás haya tocado un pincel, jamás podrá comprender y explicar la pintura en el mismo plano que un pintor bien capacitado para comunicar esas realidades.

En el sistema norteamericano una de las pruebas más grandes del menosprecio y discriminación contra los artistas se encuentra en el hecho de que muy pocas universidades ofrecen un grado de Doctor en Bellas Artes. Existen doctorados para música, literatura, poesía, drama. Sin embargo, hay que escarbar para encontrar programas doctorales en pintura, escultura, grabado, etc.

¿Por qué?

¿Acaso los artistas no están preparados para llevar a cabo una investigación del nivel doctoral? ¿Quién pone en entredicho nuestra capacidad? ¿Por qué conformarnos con que una Maestría sea el grado académico máximo al que aspirar? ¿Por qué no exigimos que nuestras universidades consideren las bellas artes en el mismo nivel que el resto de profesiones?

Afortunadamente en Europa y Australia hace años que se ofrecen programas doctorales en bellas artes. En EEUU, debido a la saturación de artistas con Maestría, las universidades comienzan a verse obligadas a subir sus estándares y a basar la selección de profesores tomando el doctorado como el máximo grado académico.

La implementación del doctorado en bellas artes es un derecho y una necesidad que aunque en primera instancia desestabiliza el status quo, obligando a muchos profesores a volver a estudiar, sólo puede resultar en el beneficio de los estudiantes. Ser doctor en bellas artes es una manera de exigir equidad y trato igual, de demitificar la noción del artista genio incapaz de teorizar, y de retomar el rol de valorar y definir nuestro trabajo como se esperaría de cualquier profesional de otras ramas.

jueves, 2 de agosto de 2007

¿Qué sentido tiene la abstracción? (parte 3): La capacidad de síntesis

En el post anterior hablé de la transición en el arte infantil, donde el niño pasa del dibujo esquemático a un dibujo realista. Cuando el niño tiene unos 10 u 11 años, quiere que sus dibujos parezcan naturales. La lógica le dice que mientras más detalles copie más realista será su dibujo. Pero esto no siempre es así.

Cuando mencioné el caso del dibujo del pelo, lo hice para explicar que en algunos casos, el hecho de copiar detalles no necesariamente produce un dibujo más natural. La tendencia del niño de esta edad, será a querer dibujar el pelo uno por uno. Pero los resultados no siempre son los que espera. El pelo dibujado así, suele verse tieso, como alambre. Y ese problema surge porque el niño quiere dibujar lo que SABE, en vez de lo que ve.

La realidad es que pocas veces vemos el pelo de la gente hebra por hebra. Para eso hace falta una mirada bien de cerca (zoom in). Cuando caminamos por la calle, nos fijamos en el color, el volumen, el recorte, si el pelo es liso o rizado. Pero no vemos los pelos uno por uno. Más bien, la mirada cotidiana lo que nos muestra es una masa, donde interactuán luces y sombras. Dibujar el cabello pelo por pelo, es como querer dibujar el mar gota a gota.

El niño que desea dibujar de manera naturalista debe cambiar su mirada. Olvidarse de prejuicios que le brinda su conocimiento. En el caso del cabello, por ejemplo, el niño debe olvidar que el cabello se compone de pelos separados. Debe mirar el cabello como si fuera algo que ve por primera vez. Lo que ve son luces, sombras, colores, texturas.

Para poder dibujar del natural, hace falta prestar atención a los detalles. Pero el paso posterior más importante es lograr producir una síntesis de esos detalles. Un buen dibujante puede dar la ilusión de que ha pintado un cabello muy realista, con unos pocos trazos. Esa síntesis no es otra cosa que una capacidad de abstracción. Se abstrae la esencia del fenómeno visual que se traduce a un equivalente plástico, digamos una pincelada o un trazo de lápiz.

Foto: La síntesis es una capacidad de abstracción característica de todos los grandes maestros de la pintura. Observen cómo en ésta, Whitaker construye el pelo partiendo de una mancha. Los detalles del pelo son mínimos. No vemos el cabello pelo por pelo, sin embargo los trazos crean la ilusión correcta. A veces "menos es más". El reto es que el dibujante preadolescente pueda darse cuenta de este hecho. Para eso debe descartar la idea de que "más es mejor".

Popularmente existe un gran desconocimiento sobre qué significa la abstracción en términos artísticos. La gente piensa que abstraer es sinónimo de pintar manchas y garabatos. Hay una diferencia entre abstracción (que es la capacidad sintética de la que hablamos) y abstracción pictórica (un tipo de pintura que no se basa en representar la naturaleza tal cual aparece ante los ojos). A eso debemos añadir que todas las pinturas realistas contienen en mayor o menor grado una dosis de abstracción. El artista no puede clonar la realidad, sólo copiarla. El proceso de copiar no deja más remedio que sintetizar, abstraer. Lo mismo le ocurre a una cámara de fotografiar. Incluso a nuestros ojos. No todas las miradas son iguales. La mirada puede ser inconciente o puro reflejo, pero también puede ser un acto de voluntad. Y como tal, es un acto dirigido. A diferencia de otros sentidos, en la visión podemos escoger mejor lo que nos interesa. La visión es quizá el sentido más selectivo de todos. Esta característica es quizá lo que lo hace un sentido capaz de transformarse mediante la educación; lo que llamamos educación y cultura visual.

Así como el niño pequeño abstrae en su mente cuáles son los rasgos más característicos de un árbol, para representarlo. En el arte realista, el niño también debe abstraer la esencia de lo que mira. La diferencia es que el primer caso es una representación simbólica, y el segundo una naturalista. La primera apela más a nuestro intelecto (a procesos relacionados al hemisferio izquierdo, lenguaje, etc.), y la segunda más al lado perceptivo, a nuestra experiencia como fenómeno visual exterior (al hemisferio derecho).

Debemos entonces comprender que la abstracción siempre está presente en todo el arte, pues la síntesis es inherente en toda actividad plástica. La síntesis-abstracción puede tener diversos fines: producir un arte simbólico, también uno realista. Entonces, ¿qué papel juega la abstracción en eso que llamamos "pintura abstracta"?

(continúa)

martes, 31 de julio de 2007

¿Qué sentido tiene la abstracción? (parte 2): El dibujo de los preadolescentes

En el post anterior vimos cómo existen diferentes etapas en el arte infantil. Esto no significa que el arte de un niño de 11 años sea mejor que el de uno de 7. Debemos quitarnos estos prejuicios de nuestra mente. Cada etapa responde a necesidades distintas, y a diferentes tipos de mirada.

Cuando un niño pequeño va a dibujar, lo hace de una manera simbólica. Si quiere dibujar el sol, no se pregunta cómo es el sol en la realidad, sino que busca el grafismo, glifo, o signo que mejor represente al sol. Lo mismo ocurre con las nubes, los animales, las personas. Al niño pequeño no le interesa (ni siquiera está conciente) que sus dibujos sean copias realistas de los objetos. Lo que le interesa es que sus dibujos representen adecuadamente los objetos en los que piensa. Que pueda luego decir "Esto es X; esto es Y" Así pues podríamos decir que el arte infantil no muestra tanto cómo son las cosas, sino cómo los niños piensan sobre las cosas. Pero esta fase eventualmente da lugar a una etapa dónde el niño comienza a prestar atención a cómo son las cosas en realidad, y es entonces cuando el arte simbólico comienza a tornarse realista.
El arte de los preadolescentes se distingue por el interés de mostrar las cosas tal cómo son. Pero para llegar a lograrlo, el niño primero tiene que educar su mirada. Durante años a estado dibujando las cosas de memoria, como creían que eran. Ahora es momento de realmente prestar atención, y observar la realidad. Pronto el niño descubre que no existen símbolos que puedan representar a todas las narices, por ejemplo. Cada nariz es distinta. Asi que si queremos dibujar a alguien, no podemos inventarnos una nariz genérica, como hacen los niños pequeños. Ahora hace falta la observación detallada.

Asi pues, el arte comienza a evolucionar. Surgen detalles que antes no se dibujaban. Las partes de la cara son más precisas, más proporcionadas. El ojo va educándose, y el sistema simbólico comienza a ser sustituído por el naturalista. Uno de los principales problemas que enfrentan los preadolescentes al dibujar, es que sólo prestan atención a aquello que piensan es más importante. Por ejemplo, en la cara, las zonas "más importantes" serían los ojos, nariz, boca, orejas. Así obtenemos dibujos una serie de dibujos que expresan precisión en esas zonas, pero que no alcanzan el nivel naturalista deseado. Es en este momento donde el niño debe abandonar los prejuicios de su etapa simbólica (hemisferio izquierdo), y darse cuenta que cuando, por ejemplo, se dibuja una cara TODOS los elementos de la misma son importantes. Las mejillas, la zona arriba de los labios, la barbilla, los párpados, las cavidades, protuberancias, sombrar, zonas de luz; todas tienen exactamente la misma importancia que la trinidad ojo-nariz-boca.

Usualmente en esta etapa los niños pierden el interés por el dibujo, y comienzan a dedicarle más tiempo a otras actividades. Algunos sienten que es muy dificil el dibujar realista; y no es que sea dificil manualmente, sino que el cerebro precisa de un reajuste que necesita tiempo en desarrollarse. Pero los niños quieren resultados rápidos, realistas. Y como aun su cerebro no está capacitado, entonces piensan que es por que "no tienen talento". Pero no es cierto. El dibujo naturalista es una actividad como cualquier otra, que necesita un tiempo de entrenamiento. Y bien es cierto que hay niños con más talento que otros. Pero eso no significa que la mayoría no pueda dibujar en un nivel más o menos aceptable.

El paso definitivo hacia el dibujo realista es el momento en que el ojo se da cuenta que las formas no son líneas, sino el resultado de la interacción de luces y sombras. Todo lo que observamos presenta el fenómeno de los contrastes. Podemos saber con quien hablamos, porque la relación luz-sombra de su cara es única. Así sucede con el resto de los objetos. Cuando el dibujante logra darse cuenta de este fenónemos (suele ocurrir a lo largo de la práctica), sus dibujos repentinamente comienzan a ser más naturales. ¿Por qué? Porque ahora no hay una zona que domine sobre ninguna, todas las zonas tienen la misma importancia. El resultado es un dibujo más realista. Pero a veces pretende ser tan realista que el resultado no es natural. El mejor ejemplo es cuando dibujan el pelo. Los niños pequeños dibujan 5 o 6 líneas para decirnos que esa persona tiene pelo en su cabeza. El preadolescente ve que en una cabeza hay cientos de pelos. Entonces piensa que la mejor manera de dibujar el pelo, lógicamente, es dibujando cada uno de ellos. El resultado suele ser bastante feo. Y es aquí donde llegamos al asunto de la importancia de la abstracción.

jueves, 19 de julio de 2007

miércoles, 18 de julio de 2007